/EL DILEMA DE ALBERTO: LA ECONOMIA O LA SALUD.

EL DILEMA DE ALBERTO: LA ECONOMIA O LA SALUD.

EL DILEMA DE ALBERTO:  LA ECONOMIA O LA SALUD

El 12 de abril del 2020, Alberto señalaba que prefiere: “tener un 10 por ciento más de pobres y no 100.000 muertos por la Pandemia”.

En el reciente homenaje presidencial celebrado en el Centro Cultural Kirchner, con exclusiva ausencia de Cristina, en vísperas del arribo al número fatídico, pronunciado por el propio presidente, en sus días de extravío e incontinencia verbal, queda expuesto cruelmente a sus dolorosas contradicciones.

El triste recordatorio de los fallecidos por el virus no excusa la responsabilidad en la gestión pandémica y resulta penoso y doloroso aprovechar las muertes para insistir en la palabra apresurada, frívola e inconsistente.

Al momento de la ceremonia se registraron 92.317 personas fallecidas, dando lugar en forma cercana a la premonición oportunamente descartada por la buenaventura oficial.

Un año después , la profecía negativa se instala en la tragedia colectiva, con un Presidente en gesto de recogimiento, doliente y compungido, como si el evento fuera responsabilidad de otros y no tuviera vela ni parte en el entierro.

La necesaria representación adelanta la composición del ensayado gesto, con un evento generado en plena concurrencia, contundencia y fatalidad con que se concreta el nuevo triste récord.

Cruel testimonio incontrastable de la cháchara, de la abundancia de palabras inútiles y de la imperiosa necesitad de extremar la prudencia.

El colectivo de militantes dio cuenta de las actividades de locución y la puesta en escena obtuvo la presencia de varias intervenciones pagas de los adherentes tradicionales.

Sin ningún control sanitario efectivo, se acude al dolor ajeno, en una convocatoria emotiva, con palabras estériles que esconden impotencia e incompetencia.

Ningún acto de contrición.

No hay conciencia de los errores cometidos, ni voluntad de arrepentimiento.

La senda de los fracasos, largamente transitada por el ex Ministro, actual paseante del verano europeo, se continúa, con la aventura impotente en la exploración de las vacunas cruzadas, sin atisbos del menor arrepentimiento, ni portación de análisis y reflexión sincera.

La gesta heroica del relato insustancial adquiere los matices que impongan las necesidades circunstanciales.

En el duelo familiar por las pérdidas fatales, se alza una vez más la frivolidad del discurso de ocasión presidencial, presto, diligente para disfrazar las culpas, eludir la penitencia y forjar nuevos rumbos vacuos en el uso de la palabra.

Eterno cautivo de sus expresiones precedentes, preso continuo de las desdichas que le ocasiona su propio comportamiento anterior, redobla las apuestas hasta el próximo desvelo.

Nada es peor para su imagen y consideración que la revisión de un archivo.

Los resultados de la gestión le propinan golpes provenientes de su conducta anterior.

La crisis de la Pandemia no encuentra límites, políticas activas responsables y gestores eficientes.

La impotencia y desvelos ciudadanos dan cuenta que siempre lo peor esta por venir.

En este sentido, Alberto garantiza un triste espectáculo de cinismo y degradación.

Los que participaron del homenaje, con el aporte artístico, no se privaron de pasar por ventanilla, para recibir sus estipendios, dando cuenta que, sin perjuicio de la militancia, “Pecunia Non Olet”.

El debate posterior es en cuanto a los montos de la percepción, ya que algunos desavenidos los consideran exagerados e inapropiados.

Los beneficiarios del altruismo estatal, defienden la razonabilidad del emolumento, limitando las respuestas a una cuestión exclusivamente de “cantidades”, descontando la justificación de la compensación por gracia del Jerarca.

El Presidente es un experto en profecías autocumplidas.

El pensamiento predictivo, emitido en torno al penoso número de muertos, se encuentra, con mucha probabilidad, en curso de cumplirse.

Alberto deberá esforzarse en consumar la abstención, en lo sucesivo, para aventar expectativas que se terminan cumpliendo, consumando el efecto “Pigmalión”.

Es un deber ineludible evitar la anticipación de acontecimientos temidos, ya que acaba colaborando en que estos eventos lleguen a cumplirse.

Es tan solo el esfuerzo y compromiso con un poco de recato y el uso adecuado de la palabra.

Es la Economía y la Salud.

El gobierno no aprueba la gestión ni en una, ni en la otra.