/UN DÍA DESPUÉS

UN DÍA DESPUÉS

UN  DÍA DESPUÉS 

Una vez más, Cristina y Alberto emprenden una fatal embestida contra la Corte Suprema de Justicia de la Nación y lo hacen embanderados a la par, sin distinciones y a un mismo efecto: destituir a sus integrantes por un alegado mal desempeño en el cargo.

La cuestión central que los invita es el disgusto con una sentencia del Tribunal que favorece a un distrito que les resulta tradicionalmente esquivo en materia de resultados electorales, en desmedro de otro que actualmente es propio.

En definitiva, no les gusta un fallo de la Suprema Corte de Justicia: simple y sencillo.

Delicias de la democracia en sus manos e incomprensión en los aspirantes a un país normal.

Un eslabón más en la larga cadena de estropicios que distinguen el actual turno electoral.

Paciencia y memoria al momento de votar.

Tensar el conflicto institucional y procurar la crispación política al extremo es el escenario perseguido por Alberto para lograr centralidad y protagonismo.

No interesa la maltratada economía, por lo demás a cargo de un conspicuo rival, que no levanta de su suerte incierta, pero apuesta a sus aspiraciones sin igual.

Sergio acude a métodos oscilantes, contradictorios pero siempre encuentra terreno fértil para sus fechorías y votantes que lo acompañan.

El empeño consiste en mantener la unidad según las instrucciones y mandas de Cristina, urgida por marzo y la fatalidad de una sentencia condenatoria originada en un veredicto de culpabilidad anunciado.

El núcleo duro de la militancia oficial tendrá material para hostigar hasta el hartazgo.

El “enemigo” es una constante en la relación dialéctica y Alberto, a falta de otra asistencia, se enanca en ella para sostener el futuro en la coalición oficial.

El destino desfavorable sella la suerte de la intentona por falta de las mayorías calificadas imprescindibles, pero bien vale la agresividad, presión mediática, hostigamiento de todo tipo y especie para configurar destrato público en la mayoría de la comisión de la Cámara de Diputados que abordará el tema.

Serán un par de meses de lenguaje descarnado, mordaz y a voz en cuello para torcer la voluntad de los magistrados en un desgaste y cansancio físico y moral.

Los ciudadanos asistirán pasmados a un circo atroz con una pelea política en estado de ebullición y de final cantado para el rechazo de la iniciativa.

En el camino, la oposición pagará con la misma moneda y el Congreso no tendrá virtualmente más actividades que la pelea estéril.

La relación amigo-enemigo como método de acción política vuelve a su estado mas puro y emblemático.

Massa, en silencio, instruye a sus diputados para sumarse al escarnio, pero tal cual es tradicional en su empresa acomete distintos caminos en aras de continuar como el favorito del “establishment”. 

Es buen momento para recordar el brutal ataque de Cristina al entonces juez de la Corte Suprema Carlos Fayt por el disgusto con el fallo que le permitía mantenerse en el cargo a pesar de su edad y la respuesta del magistrado: “Los hechos son sagrados pero el relato es libre”.

Lo hizo citando  a Charles Prestwich Scott en su artículo editorial  en “The Guardian” cuando el periódico celebraba su centenario en el año 1921. La reflexión se convirtió en un manifiesto en defensa de la libertad de expresión.

El conflicto con el juez Fayt se saldó con su renuncia ante Cristina pero para tener efectos un día después del fin de su último mandato presidencial, esto es el 11 de diciembre de 2015, cuando el día anterior había asumido la presidencia Mauricio Macri.

Notable esfuerzo y personalidad ante el hostigamiento político presidencial que afectaba su cotidianeidad, ánimo, voluntad y actividad.

El juez mantuvo la entereza para soportar e irse sin claudicar ante el poder omnímodo.

Pudo resistir hasta el día después.

Alberto repite la historia, ahora por el rechazo pregonado respecto a otro fallo de la Corte Suprema y siempre a la sombra de un relato por el desagrado con el contenido de una sentencia.

El ilustre magistrado, con mas de noventa años a cuestas, puso de manifiesto que la resistencia es una cuestión de actitud ante el relato.